Querido diario, hoy le he vuelto a ver. Sigo suspirando por sus huesos y no se como refrenarlo. Su pecho peludo, sus músculos fornidos, su mandíbula cuadrada y barbuda. Desprende masculinidad por cada poro de su piel. Me he tenido que masturbar solo por el calentón al pasar bajo su mirada. La puta de Carry también lo estaba mirando. Demasiado. Así que le he dicho a esa puerca: El cristo de la entrada es mío, zorra. Pero no me ha hecho caso, así que la he ahogado en la pila bautismal. Ahora estará pudriéndose en el infierno, porque yo se que la estuvo chupando a su novio y que no se arrepentía ni lo más mínimo.
Siempre he imaginado que el diario de las chicas católicas de mi instituto debe ser algo así. En fin, que ahora me toca ser sincero y entre tú y yo, no es lo que mejor se me da. No es que sea un mentiroso compulsivo, ni mucho menos. Me considero una persona bastante honesta. Es la parte de hablar de mi mismo y hacer presentaciones y polladas de esas las que no se me dan demasiado bien. Ya sabes, nunca sabes que decir y empiezas a rayarte. La primera pregunta que te haces es "¿Qué digo?" y de que te das cuenta estás borracho perdido con un pene flácido en la boca e intentando explicar a un motero colgado que realmente no somos capaces de tener un concepto objetivo de nosotros mismo y que, por tanto, todas las presentaciones son un cúmulo de suposiciones absurdas que tenemos y una perdida de tiempo. Pero ajenos al hecho de que creo que violé a un motero, no hay demasiado que decir de mi sin liar la Dios es Cristo. Yo antes no escribía Dios en mayúscula, sabes, pero aquí donde estoy ahora, si no lo haces te suspenden. Y eso es posiblemente lo más que te voy a contar de mi. Soy un adolescente bisexual y putilla que va a un colegio católico porque hizo una mamada a quien no debía donde no debía (Es una historia graciosa, ya te la contaré).
Bueno, como veo que eres poco hablador, te voy a explicar como va esto. No existes. Lo siento, amigo diario. Pero no cojas todavía la botella de whisky que esconde la profesora Lefebre detrás de los diccionarios de francés. Realmente lo que eres es un puñado de folios arrugados en el fondo de mi mochila. Lo sé, las chicas guays te tendrían en un libro con tapa dura y hojas de lineas rosas y con corazoncitos y fotos pegadas y yo-qué-sé-qué. Pero soy un inútil así que no vas a correr esa suerte, amigo. ¿Sabes algo gracioso de ti? Estás escrito en rojo. Me gusta porque no es nada convencional. Una profesora mía decía que no se debía escribir en rojo porque es un color demasiado "excitante" y acaba costando leerlo. Creo que es una buena metáfora de mi vida así que no veo otro color mejor para ti.
Me doy cuenta de que esto es una presentación terriblemente hecha. Osea, tú estás ahí en la barra, con tu mejor modelito y sujetando una bebida burbujeante. Ya llevas unas cuantas, porque si no no aguantarías la mierda que te estoy soltando. Yo me muevo con un ritmo de drogadicto con chinches y que pongo a tu lado y te digo algo así como: Hola, verás me he fijado que estás algo sola y quería hacerte compañía. (Te trato como mujer porque si fueras un hombre nuestra conversación se limitaría al "Eh, ¿Te la chupo ahí detrás?". Los hombres somos unos cerdos, preciosa, solo carne. Nunca nada más.) Lo que decía es que realmente no te estoy contando nada. Ni creo que te cuente ya, porque ha sonado el timbre y toca recreo y, sí, voy a estar solo porque las Borjamaris no quieren ser mis amigas, pero tengo como cuatro kilos en pan y choper así que... besitos de la reina cotilla.
PD: Osea, que cuando maté a lo puta de Carry me dije: Tía, esto me ha puesto a tope. Y así es como me volví una asesina en serie católica que caza vampiros. XOXO
No hay comentarios:
Publicar un comentario